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martes, junio 18, 2013

Ollanta critica el “sombrero celendino”


Ollanta Humala, presidente de la república, lanzó nuevos adjetivos descalificativos contra el pueblo de Celendín  durante la ceremonia de entrega de cheques de cofinanciamiento del Fondo de Promoción de la Inversión Pública Regional y Local (Foniprel)
“No voy a darle ni un centavo a monumentos. Por ahí he visto un monumento al sombrero en el interior del país, también una réplica a la Estatua de la Libertad en un distrito, y en otro la réplica del conejito de playboy. Para más monumentos no habrá dinero”, deploró, en clara alusión al sombrero iconográfico que tiene Celendín en una de sus plazas más emblemáticas.
Cuando Ollanta era candidato a la presidencia llegó a Celendín junto a su esposa, al ingresar al pueblo vio el monumento al sombrero, al que ahora critica y hasta se mofa. Podemos considerar una insensatez hacer un monumento al conejito de playboy o hacer una réplica a la estatua a la libertad o un monumento al árbitro de futbol como sucede en Piura, pero el monumento al sombrero en Celendín refleja identidad, no es un mero capricho, es un ícono del pueblo celendino.
Ollanta desconocedor de la historia e identidad de los pueblos peruanos, comete errores torpes, sin embargo el celendino Manuel Pita Díaz en su blog “Celendín pueblo mágico” dice acertadamente: “El “Sombrero Celendino”, es el objeto manufacturado por miles de tejedores de ambos sexos en todas las comarcas y ambientes domésticos pobres de la provincia, que ocupa todavía a lo largo de su proceso productivo y comercial, considerable espacio del drama económico-social de Celendín.

Drama de un pueblo mestizo, hispano hablante, honesto y batallador que por la escasez de recursos y posibilidades inmediatas, se vio obligado a trenzar paja toquilla de lejana procedencia para hacer sombreros cuyo precio apenas permite angustiada supervivencia.
Cualesquiera sean la posición, la profesión o la actividad de un celendino dentro y fuera del terruño, el “sombrero de paja”, aunque nunca lo haya elaborado ni comerciado, será siempre el símbolo de su irrenunciable identidad”.

Lamentablemente Ollanta no es un hombre con una cultura amplia y su desconocimiento sobre la identidad de los pueblos peruanos lo hacen decir sandeces y cometer ofensas con quienes alguna vez lo respaldaron, como aquella vez cuando llego a Celendín y se puso a correr alrededor de la plaza ante los aplausos de la gente que confiaba en él– esa misma plaza que después mandó manchar con sangre-

Ser presidente de un país no debe ser tarea fácil, debe ser una labor complicada, por eso sería conveniente que los asesores del presidente le informen sobre los desatinos e improperios que continuamente comete y lanza contra los peruanos que votaron por él confiados en un cambio.


Tampoco se le puede pedir peras al olmo, Ollanta es un militar y si bien es cierto es un corredor incansable y trepador –de cerros y cumbres- muy hábil, la cultura no es uno de sus atributos y sus actitudes muchas veces emulan a la patanería de Alejandro Toledo. Felizmente que Celendín es un pueblo de gente culta, en donde saben que a palabras necias oídos sordos, más si estas vienen de un soldado inculto.

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