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martes, mayo 28, 2013

Juegos que se fueron



Hace mucho que los juegos dejaron de ser esas inocentes reuniones de infancia para transformarse, o peor aún, para individualizarse y convertir a los seres humanos en personas más solitarias todavía.

Las escondidas, la ronda, matagente, canicas, chanos, los trompos, los zurzules, la saperis –aperis- , la pega, rayuelo son entre otros los juegos más memorables que se heredaron por generaciones y que han hecho el deleite de niños y niñas por años.

Un interesante estudio realizado por los historiadores cajamarquinos  Julio Sarmiento y Tristán Ravines revela que la gran mayoría de juegos que se conocieron hasta fines del 1900 fueron herencia de la colonia, cada uno con reglas y matices diferentes y algunos solo hechos para niños y otros solo para niñas.

Juguetes hubo en todo los tiempos, se buscaba distraer a los infantes y restarles el aburrimiento, algunos muy ingeniosos, otros en cambio, bastante sencillos, pero cada uno con su encanto.

Desde 1999, cada 28 de mayo, se celebra el Día Internacional del Juego, cuya finalidad no es comprar juguetes sofisticados, sino fomentar las actividades lúdicas entre niños y adultos, en las que su imaginación los haga volar al infinito. Rememorar tal vez y recordar.

Hoy por ejemplo, ya no se ven trompos en los mercados, tampoco las tiendas tienen frascos llenos de canicas porque hace tiempo que se dejó de fabricarlas porque ya nadie las compraba. Apenas si las cometas subsisten y de manera muy esporádica en algunos eventos que buscan revalorar los viejos juguetes y ponerlos en escena.

La vida con la evolución se fue haciendo virtual y es el mundo en el que hoy habitamos es un mundo en que cada vez somos más individualistas, porque para jugar no se necesita de un grupo de amigos ni de un patio o un campo extenso por donde se pueda arrastrar un trompo a quiñes, hoy para jugar solo se necesita una computadora, una tablet una consola de juegos o cualquier artefacto que hace que el ser humano se aísle más y se ensimisme.

Un reciente estudio indica que los juegos virtuales – por su mismo contexto – no solo hacen del niño un ser violento, sino que le generan serias dolencias oculares, problemas de columna y hasta causan ludopatía en algunos casos.
Los juegos de antaño eran distintos, tenían su encanto y su magia y además permitían que tanto niñas y niños ejerciten sus músculos, con el solo hecho de correr o andar.

Una de las historias más memorables de la literatura peruana en donde se habla de un juego es “El trompo” de José Diez Canseco: El tesoro del protagonista del relato es un trompo, hermoso y pulido, hecho de naranjo al cual le había adaptado un clavo filoso y brillante como las espuelas de los gallos de pelea de su criadero.

Aquel trompo era el orgullo de “chupitos”, y los muchachos de la cuadra lo sabían, sobre todo Carmona el líder de la gallada, quien lo retó taimado a la “cocina”, “un juego que consiste en ir empujando al trompo contrario hasta meterlo dentro de un círculo, donde el perdedor tiene que entregar el trompo cocinado a quien tuvo la habilidad rastrera de saberlo empujar”.
El fuerte de “chupitos” eran los “quiñes”, muchas veces su pulido trompo de naranja y afilada punta había abierto en dos a su contrario y é l nunca se permitió una burla.

Apenas la sonrisa presuntuosa que delataba el orgullo de su sabiduría en el juego.


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