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lunes, mayo 20, 2013

Y las madres de la Plaza de Mayo pueden cantar ahora una nueva melodía



La semana pasada nos llegó la noticia, Rafael Videla, uno de los tiranos más grandes de América había muerto en prisión a los 87 años. Su gobierno estuvo marcado por el terror.

"Un ser despreciable ha dejado este mundo", dijo la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, al saber sobre la muerte de Jorge Rafael Videla, fallecido este viernes.

Ideólogo de la represión de Estado en Argentina entre 1976 y 1983, Videla murió en la cárcel por causas naturales.

Fue uno de los hombres más controvertidos y odiados de Argentina, y bajo su régimen murieron o desaparecieron unas 30.000 personas, según cifras de organismos de derechos humanos. Hoy está muerto.

La vida de los países americanos está plagada de episodios siniestros y de dictaduras miserables que han ensombrecido la democracia cada cierto tiempo. Los países de América han tenido dictaduras atroces y hay quienes aún las siguen teniendo, como sucede hoy con Cuba y Venezuela.

Lo de Videla no es un hecho aislado pero si nos toca muy cerca debido a que el Perú recientemente vivió una de las dictaduras más prolongadas con características similares, en nombre de la pacificación se violaron derechos humanos, se mató con impunidad y hasta se cremaban diariamente en los sótanos del Pentagonito los cuerpos de las víctimas asesinadas por los militares.

Argentina nos ha dado un ejemplo claro, su gobierno no se dejó chantajear nunca por presiones mediáticas para dejar en libertad a un asesino como lo fue Videla. Las más de 30 mil muertes que causó en Argentina, los más de 400 niños que fueron arrebatados a sus madres no pueden celebrar pero si hacer una reflexión sobre lo que le sucede a los miserables que mandaron ejecutar a miles de hombres o a lanzarlos desde un avión.

La historia no puede celebrar, pero sí puede ser consecuente y el hecho de que un dictador muera en una prisión es un hecho que los peruanos debemos tener en cuenta. Mientras en Perú se piensa en un probable indulto a Fujimori, a ese calco de Rafael Videla, en otros países tienen claro que los dictadores son delincuentes y que merecen el presidio de por vida, hasta el último de sus días.

Las Madres de la Plaza de Mayo cierran una herida que se habría a cada instante que el miserable de Videla respiraba. Mientras en nuestra país se cree aun que el chino se siente mal y que le duele el estómago o la lengua, a las madres de los estudiantes de la Cantuta o de los miles de desaparecidos les duele el alma diariamente y para siempre.

Tenemos que aprender de la historia, para no repetir nuestros errores y hacer generaciones nobles y altruistas que puedan cantar otra melodía y empezar a construir un mundo diferente como lo hacen ahora las madres de la Plaza de Mayo.

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