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domingo, diciembre 23, 2012

El idiota de la familia



"Pienso como un genio, escribo como un autor distinguido y hablo como un idiota." Nabokov

Las declaraciones hechas por Álvaro Vargas Llosa en su tristemente célebre carta dirigida a la Cancillería y publicada en el diario La Tercera, de Chile, en donde afirmó que el Perú tiene “mínimas” posibilidades de triunfo en el reclamo principal del diferendo marítimo con Chile, resultan afrentosas y desatinadas.

“Creo que las posibilidades de que el Perú obtenga el triunfo son mínimas en lo que se refiere al reclamo principal -una delimitación marítima basada en una línea equidistante- y algo mayores, pero no muy grandes, en lo que se refiere al segundo, es decir, la determinación de nuestra soberanía sobre el llamado triángulo exterior, que está fuera de la zona marítima chilena y estaría dentro de la nuestra si ella rebasara el paralelo de latitud” dice textualmente.

En realidad el hijo del escritor, nunca ha tenido un protagonismo literario, como parece, lo hubiese querido tener, cuando busco “salir en la foto” siempre lo consiguió y en alguna oportunidad hasta se valió de una vieja amistad de juventud con el siempre polémico Jaime Bayly, quien siempre disfruta haciendo escándalos televisivos.

Álvaro Vargas Llosa ha dicho que los políticos peruanos valiéndose de la prensa le han hecho un cargamontón, nada más falso; lo único cierto en todo este lamentable embrollo ha sido la ocasión perfecta para desenmascarar a un traidor que se aúna a las voces disonantes de los chilenos que hasta se valieron de una enciclopedia Escuela Nueva de hace cincuenta años en donde un primarioso dibujo, según ellos, tendría la validez de un tratado internacional.

Álvaro Vargas Llosa si suena a algo es por el apellido que lleva, más allá de ello estoy seguro que nadie recuerda el título de uno solo de sus libros –aunque en el Congreso de la República, la gran mayoría no recuerdan el nombre de una sola de las novelas del Premio Nobel Mario Vargas Llosa- sin embargo, en los últimos días ha ganado un protagonismo estupendo y una admiración marcada por parte de los chilenos, quienes siguen en sus trece y piensan que tienen la razón.

Acusar a los peruanos de triunfalistas puede ser una opinión, no es lo que se juzga, pero acusar a los compatriotas de falsos y mentirosos veladamente toma un matiz a traición reprochable y es lamentable desde el ángulo en que se lo mire.

Tristemente, el talento no es hereditario, de serlo no hubiera sucedido lo que ha hecho el hijo de Vargas Llosa y que aun sigue defendiendo en cada canal de televisión que puede, cual vedete que luego de cometer una trastada sale a buscar pantalla para desmentir lo dicho o hecho pero consiguiendo de todas formas su objetivo de ser protagonista del momento.

Seguramente que mientras dure la evaluación de la Corte de La Haya, Alvarito tendrá vigencia, total nadie es perfecto y no todos pueden escribir exitosas novelas, pero hay otras maneras de buscar pantalla, de salir en la foto, de hacerse escuchar y ganar cinco, diez o quince minutos de fama, algunos siguen creyendo que el fin justifica los medios, aunque eso signifique traicionar a la patria misma.

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