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viernes, mayo 04, 2012

Cadena de mandos… cuando la cadena se rompe por el eslabón más débil



Hace unos días Cajamarca fue el epicentro de una noticia que trascendió a las esferas internacionales, una y otra vez los medios televisivos mostraban los precisos instantes en que un patrullero de la Policía Nacional del Perú atropellaba a cuatro personas, una madre y sus dos hijas y una cuarta persona adulta de sexo femenino.

Los hechos que sucedieron luego son conocidos por todos, una batalla campal se produjo y uno de los policías que se encontraba en el interior de la camioneta en la primera oportunidad que tuvo, huyo despavorido, abandonando a las víctimas, quienes se encontraban aun debajo del vehículo. El conductor del patrullero era el joven policía Milton Huamán Ayay de solo 22 años y con apenas 16 días de servicio en la PNP.

Las víctimas del atroz accidente fueron identificadas como Esmerilda Guerrero de 44 años, Juana Beatriz Ponce García de 31 años y sus dos pequeñas hijas Diana y Sugeila de 9 y 5 años, respectivamente. Tanto la madre como la pequeña Sugeila sufrieron la amputación de una de las extremidades inferiores y la vida les cambió para siempre, aun internadas en hospitales la ciencia trata de restablecerles la salud y la vida que les fue quebrada en solo unos segundos.

La cadena siempre se rompe por el eslabón más débil. El suboficial Milton Huamán Ayay ha indicado en todo momento que fue obligado por su superior, el alférez Carlos Vásquez Ramírez, a que conduzca el patrullero, pese a encontrarse el nobel policía en su día de franco y a saber, su superior, que no tenía experiencia en conducir vehículos. Dicen que en la vida castrense las órdenes se cumplen sin dudas ni murmuraciones, parece que ese fue el pensamiento de Milton Huamán Ayay y acató la orden por miedo y presión.
Cuando la fatalidad llegó y cambió la vida de una familia para siempre las flamantes cámaras – que todo lo ven- captaron con rigurosidad todo lo acontecido, en el video se aprecia la actitud cobarde del alférez cuando aprovecha un instante en que la gente ayudaba a rescatar a las víctimas atrapadas bajo las ruedas del pesado vehículo para huir cobardemente y desaparecer entre las sombras de la fatídica tarde.

Milton Huamán Ayay fue trasladado a la comisaría por un expolicía que trabaja en el serenazgo y que en algún momento se mostró renuente a las inquisiciones de la prensa, pero que finalmente tuvo que alinearse a los hechos y desenmascarar ese conato de montaje a favor de sus excolegas.

Como resultado de esa tragedia el policía con 16 días de servicio y 22 años de vida se encuentra recluido en el penal de Huacariz preventivamente por un periodo de 9 meses, mientras que luego de una sesuda investigación policial realizada por Inspectoría de la Policía Nacional del Perú ha determinado que el culpable es Milton Huamán Ayay a quien se le ha dado de baja, además de que tiene un proceso penal mientras pasa sus días en la cárcel, con la vida frustrada, con el dolor perpetuo de sus padres y seres queridos y con el sufrimiento silencioso de sentirse culpable de un hecho fatídico.

Mientras tanto, el huidizo alférez ha sido  condenado a seis días de rigor, lo que prueba una vez más que la justicia en el Perú es una utopía, una leyenda que no existe, una idea añorada, un silencio profundo como el sonido del mar  dentro de un spondylus, es decir, se evoca pero no se la ve.

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