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lunes, mayo 10, 2010

El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones



Como crear universidades en un santiamén

La campaña electoral se ha desatado, los anuncios sobre campañas anticorrupción y otros que buscan captar electores a como dé lugar no se han hecho esperar. Como por arte de magia se creó la Universidad Nacional Autónoma de Chota, creación que como es lógico, fue recibida con algarabía por la población chotana, sin embargo el problema de fondo es otro, no es un problema de demanda sino de oferta.

La creación desesperada de universidades nacionales es un ardid populista y demagógico que si bien puede emocionar momentáneamente a sectores poblacionales cuantiosos, y en consecuencia masiva participación de electores - como es el caso de Chota- no es otra cosa que un error que tarde o temprano se evidenciará y que solo será el gestor de conflictos sociales, de tomas de carreteras y de todo tipo de revoluciones que se procrean por la responsabilidad de muchos de nuestros gobernantes.

El enamoramiento que utilizan algunos congresistas en la actualidad es una mera fórmula que va a develarse luego de las elecciones. Existe una diferencia sustancial, de forma y de fondo entre un instituto, una filial universitaria y una Universidad propiamente dicha, no se puede improvisar la creación de universidades, es un acto irresponsable que tendrá repercusiones inmediatas una vez que la campaña electoral pase y se descubra que son proyectos utópicos o simplemente se le pongan trabas burocráticas que limiten su accionar.

Hace unos años, Alberto Fujimori, dio amplia facultad para la creación de Institutos Superiores, rápidamente estos se diseminaron por todo el país y los profesionales egresados de la mayoría de ellos tienen una calidad profesional execrable.

Los llamados programa de “profesores de tercera”, fenómeno aparecido en el primer gobierno de Alan García Pérez, permitieron el ingreso masivo de personas al magisterio, unos años después hubo que pagar esa factura social, como consecuencia de ello tuvimos la educación más deplorable de América Latina, quedando rezagados a los últimos puestos en comprensión lectora, lógico matemáticas y cuanta ciencia tenga que ver con nuestro sistema educativo. Luego se elaboró una estrategia para desaparecer a los pedagógicos con resultados ya conocidos por todos.

Más allá de un tema de infraestructura, la universidad en el Perú es un problema real y no subjetivo como pretende hacerlo ver el gobierno, si bien es cierto que el número de peruanos en las últimas décadas ha crecido sobremanera porcentualmente, es más cierto que las universidades creadas con ese afán proselitista y demagógico solo generan problemas inmediatos, como los que ya se anunciaron entre la UNC y la pretensión de la de Universidad Nacional Autónoma de Chota y problemas a un plazo no tan largo cuando se empiecen a evidenciar que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

Los anuncios hechos recientemente sobre la creación de otras universidades más en el Perú han generado un clima conflictivo entre quienes piensan que hablar de ello con realismo es estar en contra de un proyecto que favorece a los pueblos. Todos estamos de acuerdo en que hace falta crear espacios de desarrollo que permitan egresar a profesionales competentes, pero también en el frontal desacuerdo de que se creen espacios sin mayor perfil que la angurria, el continuismo y que además incuben los conflictos sociales del mañana.

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