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miércoles, febrero 03, 2010

En este entierro todos tienen vela



Luego de la captura de uno de los engranajes más odiados de una caterva de traficantes, misma que puso en evidencia la mafia que vendió certificados para el concurso de la Carrera Pública Magisterial, no quedó más que poner paños de agua fría al escándalo que se desató, los docentes que hicieron trampa en el concurso se cuentan por miles, y por millares los ingresos de los inescrupulosos que se lucraron con el costo de cada uno de los certificados bamba.
El tema de la compra de certificados no es nuevo, en el Perú, se acostumbra fotocopiar, escanear o usar cualquier artilugio para duplicar un certificado real y luego modificarle el nombre, sucede lo mismo con brevetes, DNIs, partidas de nacimiento, actas de defunción, de matrimonio y de todo cuanto sea un documento formal, nada de eso es nuevo, como tampoco es nuevo que las autoridades acepten esos documentos fraudulentos como auténticos entre medias sonrisas, invitaciones a festines furtivos o a cambio de pequeñas “comisiones”, no estipuladas en ningún reglamento burocrático.
La lamentable realidad es que la educación peruana ha caído en un estado de sopor y mediocridad, los docentes que leen un libro por año son contados y no hablamos de un libro por mes como se propuso un iluso plan de hace un par de años, atrás hablamos de uno por año, lo que significa que tenemos docentes con niveles académicos funestos, deplorables y vergonzosos.
A todo eso le podemos sumar un ingrediente esencial, los diplomados, segundas especializaciones y otros menjunjes que muchas universidades e institutos particulares han sumado a sus ingresos y la famosa modalidad de estudios a distancia que es una venta indiscriminada de libros y títulos, y en esto sí hay que ser claros, que la UNC utiliza programas de Educación de Perfeccionamiento Docente (EPD) de modo presencial, lo que evita todo tipo de suspicacias y gollerías que se cometen en otras universidades y que hoy han sido descubiertas.
Aquí no hay sorprendidos, todos sabían que los expedientes no se evaluaban en realidad a ciencia cierta, que en cada legajo había certificados falsos que nunca iban a tener un seguimiento para comprobar su veracidad y que las declaraciones juradas en el Perú son como un juramento de fidelidad, es decir, otro saludo a la bandera.
Se espera que los docentes afectados sean subsanados en sus derechos, que los tramposos sean descalificados y enjuiciados por falsificar documentos y que los que emitieron documentos de instituciones públicas y privadas no circulen libremente por la ciudad como viene sucediendo con esa mafia, esa gavilla, manojo y ato de delincuentes… por lo demás no nos hagamos los sorprendidos ni los indignados que en este entierro todos tienen vela.

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