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miércoles, abril 11, 2007

De un nuevo Centro comercial en Cajamarca, de unos libros robados y de unas heridas que empiezan a cerrarse



Una nueva tienda comercial se ha instalado en Cajamarca, una tienda bien abastecida que hizo su inauguración hace un par de semanas. Como todo centro comercial prometía grandes ofertas por su apertura, precios competitivos y productos de calidad insuperable. Cuando la tienda abrió no solo tenía lo que había ofrecido sino que por añadidura, cosa a la que nunca se comprometió, había traído a las más bellas anfitrionas que alguna vez vi en Cajamarca. El sólo hecho de ver a ese par de beldades justificaba la espera de varios días.

El sistema de ventas es el común y corriente en la actualidad, se compra al contado o a crédito, para comprar a crédito obviamente se debe poseer una tarjeta del centro comercial, tarjeta que ha sido evaluada para su entrega contando con algunos requisitos básicos. Luego de ello sólo basta con firmar y el producto es entregado de inmediato. Demás está decir que los precios de los productos que ofertan son bastante económicos y hasta sorprendentes.

De la tienda esta se dicen muchas cosas, una de ella, por ejemplo es que no pertenece a capitales peruanos sino que pertenece a capitales extranjeros, peor aún, pertenecería a capitales chilenos, país al que desde niños nos enseñaron a odiar sin reparo por la guerra del pacífico y esa triste historia de abusos y de heridas abiertas que nunca han dejado de sangrar por las políticas educativas que hemos tenido o simplemente por que desquiciados como el candidato que se hacía llamar nacionalista en las últimas elecciones se encargan de abrir con frecuencia.

La tienda otorga tarjetas con ciertas precauciones como es lógico en cualquier entidad que brinda sistemas crediticios, pero no hizo tanto barullo como sucede en el Perú cuando uno quiere comprar una modesta licuadora a crédito. No pidió recibo de agua, ni de luz ni teléfono, tampoco una copia de DNI ni el nombre de tres personas que puedan opinar sobre el candidato al crédito, tampoco garante con una boleta que cubra cierto monto. Se mostró como una tienda comercial que confía en sus clientes y que es displicente a tanto papeleo al que ya nos hemos acostumbrado.

No he podido evitar el sorprenderme. Será que entre peruanos tenemos una fama tan mala que ya no confiamos en nosotros. Si nos venden algo barato, intuimos que el producto debe estar fallado, o es una marca ordinaria, si nos dan un crédito básico es porque luego nos van a sacar los ojos. Estamos concientizados equivocadamente. Tenemos una actitud perdedora que nos minimiza. Nuestros centros comerciales nos han acostumbrado a otorgar un crédito previo estudio de nuestra vida entera, una vasta biografía, antecedentes, amigos, costumbres, ingresos, como si uno cuando fuese a comprar a una licuadora en dos partes estuviese pidiendo la mano de la hija del comerciante. Por eso me ha parecido tan nueva la simpleza de esta tienda en Cajamarca. Definitivamente es una estrategia que le dará buenos y malos resultados.

La empresa chilena está brindando un mejor servicio que sus competidoras peruanas y esto nada tiene que ver con nacionalismos intolerantes. El gobierno chileno anunció su compromiso de devolver los libros que fueron robados en esa guerra donde perdimos todos las batallas excepto, por su puesto, la de San Pablo, viejas heridas empiezan a cerrase y esta vez esperemos que sea para siempre. Que sea el tránsito a una nueva era y que lo festejemos con un peruanísimo Pisco.

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