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domingo, marzo 04, 2007

La alegría de Pamela




Para Pamela ha llegado un día muy importante. Pamela ha cumplido seis años y tendrá una fiesta, ella es una niña que ha heredado los ojos de su madre y el carácter de su padre. Algunas veces la he visto deletreando en un libro de cuentos o inventando historias de hadas y duendes, conoce a personajes animados de la tele que yo desconozco en absoluto, fue por ella que supe que Bob Esponja era una esponja marina y que Calamardo era un calamar, y que Bob y Patricio eran los mejores amigos de ese mundo sumergido. Sé que tiene una fascinación enorme por Barney, ese personaje rechoncho que no me agrada mucho porque me parece aburrido.

Pamela es la hija de mi hermano, con el que compartí toda mi infancia, mis juegos, mis disgustos. Cuando éramos niños él tenía una jaula diminuta para insectos en ella atrapaba moscas, arañas, grillos… que a veces secretamente liberaba. Siempre fue muy hábil para crear toda clase de sistemas, inventaba trampas para que cuando alguien entrara a casa en carnaval un balde lleno de agua se le vaciara en la cabeza, él entonces contemplaba con alegría desde un lugar distante y era feliz. Inventaba trampas para cazar gatos que en la nocturnidad de la casa se adentraban en la cocina, los examinaba largas horas después en su cautiverio y luego los domesticaba.

Coleccionaba toda clase de cachivaches porque veía en ellos siempre una utilidad o una ganancia. Alguna vez los bolsillos de mi hijo llenos de pequeños y extraños objetos me harían recordar a los bolsillos de mi hermano.

Cuando somos niños nuestras preocupaciones son distintas, pero cada una de ellas es un mundo que nos maltrata, un diez en la libreta o una pelota rota puede significar largas horas de tristeza y de silencio. En aquellos tiempos mi hermano y yo no sabíamos qué vendría después, la jaula de insectos quedó en el ayer para siempre una mañana, mi juego de ajedrez se quedó detenido en cualquier parte, y llegaron nuestros hijos como la luz a un nuevo día. Esa luz para mi hermano se llama Pamela, ahora ella tiene seis años, esa edad que nosotros ya nunca volveremos a alcanzar y ella tiene una piñata que nosotros con nuestra altura no podemos tocar.

Mi hermano dejó los elementales sistemas para cazar insectos y gatos, ahora es un ingeniero de sistemas y hace complejos programas; del ayer solo queda el recuerdo.

Pamela un día recordará este día y también a su piñata, sus amigos, sus gorritos, la mirada de su madre acariciándola en la tarde, los abrazos de su padre enseñándole el mundo por delante. Un día cuando las palomas de esta tarde hayan volado para siempre, cuando nuestras miradas envejecidas vean otras tardes también ella recordará sus tardes de niñez. Por ahora es feliz cantando una canción que aprendió en la escuela, ha descubierto que el mundo tiene formas y colores.

Después de tantos años el recuerdo vuelve como olas a la orilla de esta tarde, hoy la tristeza me busca para jugar a las escondidas, yo aún sigo liberando a los insectos y escribiendo los días en el silencio de las horas. A todos nos pasa que alguna vez queremos volver a tener seis años y cerramos los ojos para sentirnos queridos.

Pamela ha cumplido seis años y ella lo sabe, sus ojos felices brillan como el agua. Pamela tiene seis años y Dios también lo sabe.

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