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domingo, octubre 15, 2006

LILIAN GOICOCHEA: Cuarenta y siete años de poesía en el mundo


La poetisa Cajabambina Lilian Goicochea Ríos ha cumplido cuarenta y siete años de hacer poesía, de hipnotizarnos con su palabra y su florido verbo. Reconocida internacionalmente, proviene de una familia de artistas natos, donde la música y otras artes se funden en lirismo y talento.

Se le rindió un homenaje por su grandeza y trayectoria, su lista de libros publicados es sin lugar a dudas la más extensa de los vates cajamarquinos. Maestra de profesión que no solo enseñó en las aulas, sino en ese salón mucho más extenso que es el mundo y la vida.

La recuerdo visitándonos en los colegios con sus libros. Mujer de empeñó que nunca dejó que las fauces de los días tristes la devoren. Ejemplo de madre y de poesía en Cajamarca.

Yo tenía dieciséis años cuando terminaba el colegio. Mi profesor de educación por el arte, que era el mejor del mundo porque nos enseñó arte con talento. Nos dio un trabajo que consistía en hacer una entrevista a un poeta cajamarquino. El trabajo no pudo ser mejor para mis juveniles años en los que cultivaba con ardor y pasión varios poemas que guardaba celosamente con carácter de secreto inconfesable, testimonio de mis vivencias personales.

Cuando llegué a la casa de la poetisa, mi corazón latía apresurado y mis miedos afloraron. La poetisa me atendió en la sala de su casa. Las preguntas se respondían con elocuencia y conocimiento, con pasión y verso. Días después regresé hasta su casa. Llevando esta vez bajo el brazo un fólder, con carátula de “Los Magníficos” lleno de poemas mecanografiados con dudosa ortografía. Le presenté los poemas, que ahora pienso, debieron ser bastante feos. Había algo de cincuenta. Son de un amigo, le dije, él es tímido y no ha querido venir por temor y vergüenza. Ella me escuchaba con una discreta sonrisa. Un mes fue el plazo para recogerlos y tener una crítica ilustrada de tan prominente intelectual.

Pasado el mes, regresé y ella me dijo: Dile a tu amigo, es decir, dite a ti mismo, porque eres tú el que los escribe y no existe tal amigo… Yo estaba avergonzado. Me sentí descubierto y no pude plantear ninguna coartada. Confesé la verdad con aire perdedor. Ella había examinado minuciosamente cada uno de los poemas, verso por verso y me dijo que valían la pena, que eran publicables algunos. Ese día cambio el curso de mi vida. Al poco tiempo publiqué mi primer libro de poemas, con prólogo de Lilian, después vino el segundo, después vinieron los premios, y otras publicaciones, después México y España. Nada de eso hubiera sido posible sin Lilian, sin la ayuda de esa voz que esa noche me hizo creer en mí. Las líneas de esta columna no se escribirían si otra hubiera sido su opinión. Una opinión como es ella, sin egoísmos ni medias verdades. Una opinión como el de una madre tierna y candorosa. Feliz aniversario Lilian. Gracias por creer en mí y enseñarme que de la poesía en este mundo aún es posible vivir.

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