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lunes, marzo 04, 2013

Fidita





A Fidelia Becerra.

El sábado por la noche, nos llegó la noticia, la muerte había venido a buscarte y esta vez te encontró inerme, no fue como otras veces cuando tantas veces le ganaste y te reíste de ella, hoy lo haces desde el cielo.

La inmensidad de tu casa y de tu corazón se vistió de luto para  abrir sus puertas de par en par y dejar pasar a tanta gente que te amó de distinta manera, como amiga y como profesora, como maestra y compañera, como la hacedora de las tortas más dulces del mundo.

Toda la gente que se va nos deja más solos, se va dejando una estela de tristeza en nuestros corazones y haciéndonos recordar que la vida es frágil y el camino es breve, que nada es eterno en este mundo y que cada persona que nos deja de algún modo nos va acercando a la muerte, porque va a llegar un día de completa soledad y que el camino nuestro también se termine.

Fidelia Becerra revilla de Cubas  fue una mujer íntegra, poco le importaba el qué dirán de la gente y saboreaba su vida desde la mañana hasta el último segundo de la noche, fue una mujer ejemplar. Alan García le entregó el reconocimiento como la Mujer del Año, reconocimiento que ganó por su talento inmensurable y su amor infinito al prójimo.

La Fide… Hoy contempla desde el cielo este universo de miradas y susurros en torno a ella, hoy por última vez su humanidad recorre las calles tantos años frecuentadas cuando había que ir al Cenacape Cajamarca donde forjó verdaderas mujeres y auténticas madres de familia.

El mundo cabía en sus manos, sus ojos cuajados eran una galaxia de sabiduría, sus manos hacían magia al crear cualquier bocadillo o pastel y sus manos además, sembraron infinitas veces los retoños de plantas y construyeron como un orfebre mil cosas de cartón y de madera y tejieron kilómetros de tejidos que hoy guardan como un Kipus el misterio de sus pensamientos mientras los hacía, de las miles de horas entrelazadas esperando al hijo llegar o simplemente llegar la primavera para ver renacer el trino de las aves que habitaban en su balcón.

Esa casa infinita que tantas veces fue mía y nunca supe por qué y que tampoco lo sabré, -Yo habité los primeros días de mi vida en Marañón 548 hasta que tuve 8 días, tu me cobijaste cuando aun los insectos podían lastimarme-  también se quedan tristes las calles de tus destierros cuando la soledad te perseguía y a veces anidaba en tu ser, los parque circundantes de una Cajamarca ida o la calle Juan Villanueva cuando subías a ver a tu mamita diariamente.

La vida y la muerte viven de la mano, hoy la lluvia que ha caído tras los cristales me ha traído tu nombre. No vamos a volver a vernos, no en esta vida, pero las huellas que has dejado son imborrables, sabemos por donde debemos seguirte y cuál es el camino. Esos es suficiente.

Una mujer como tú nace en mil años. El tío Alejito no ha podido ocultar su tristeza, nadie la puede ni quiere. Esta hora triste repica en nuestros corazones como campanas fúnebres de un adiós que cierra un ciclo. Te necesitaban en el cielo, allá arriba querían aprender de tu talento, de tu arte, probar tus dulces y ser queridos con el mismo amor que tú entregaste a cada uno de nosotros, a cada gota de lluvia y a cada recodo del tiempo. Adiós Fidita, sé que hoy hay una fiesta con San Pedro y que tú sonríes desde el cielo.

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