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miércoles, marzo 13, 2013

“Me vinieron a buscar al fin del mundo”




Ayer a las dos de la tarde, hora peruana, ocho de la noche en Roma se anunció el nombre del nuevo Jefe Supremo de la religión Católica, se trataba de Jorge Mario Bergoglio, quien a partir de ese momento será conocido y recordado por la historia como el Papa Francisco I.

Antes de que Benedicto XVI anunciara su renuncia al papado, cierto día salió al balcón de la Plaza de San Pedro donde miles de personas lo esperaban para verlo, el expapa salió con una paloma entre las manos –la paloma en la religión católica representa al Espíritu Santo- esta abrió la alas y empezó a volar, de inmediato apareció una gaviota surcando el cielo y la tomó en pleno vuelo y le propinó una golpiza ante la mirada anonadada de los miles de católicos que pasmados contemplaron la escena. La paloma quedó malherida y se refugió en el alfeizar de un ventanal, la gaviota entonces se marchó.

Ayer, mientras más de diez mil personas de todas las nacionalidades del mundo esperaban que salga humo blanco de la pequeña chimenea instalada en el techo de la capilla Sixtina, apareció una gaviota – no sabemos si fue la misma de la fenomenal tunda a la paloma de aquella vez – y se posó muy calmada sobre la chimenea, ante la mirada atónita de los creyentes que esperaban con los ojos fijos en la chimenea a ver de qué color salía el humo esta vez. Después de unos minutos salió humo blanco y el mundo entero vibró de emoción. Había papa, pero esta vez no fue anunciado por una paloma,-como hubiéramos querido- sino por una gaviota.

Cuando el papa electo agradeció la designación dijo: “Queridos hermanos y hermanas”, y con el rostro emocionado: “Parece que los cardenales me vinieron a buscar al fin de mundo”, afirmó, tras rendir tributo a su predecesor Benedicto XVI.

La expresión del fin del mundo hace alusión a su lugar de origen, siendo Argentina uno de los países extremos, geográficamente hablando – de acuerdo al mapa- era entendible ese enunciado, sin embargo también podría tomarse en el sentido estricto si tenemos en cuenta que el mundo colapsa y que una conflagración nuclear parece estar ad portas –mi códices  mayas ni meteoritos –

Lo cierto es que los biógrafos que han profundizado en la vida del nuevo papa no han sido muy generosos con él. Llegó al sacerdocio a los 32 años, casi una década después de perder un pulmón por una enfermedad respiratoria y de dejar sus estudios de química. Pero pese a su ingreso tardío, en menos de cuatro años llegó a liderar la congregación jesuita local, un cargo que ejerció de 1973 a 1979.

Su ascenso coincidió con uno de los períodos más oscuros de Argentina, lo que le deparó fuertes críticas: la dictadura militar que gobernó el país entre 1976 y 1982. El cuestionamiento remite al secuestro de dos jesuitas detenidos clandestinamente por el gobierno de facto por hacer tareas sociales en barriadas de extrema pobreza. Según la acusación, Bergoglio les retiró la protección de su orden religiosa. Ambos párrocos sobrevivieron a un encierro de cinco meses.

El señalamiento consta en el libro “El silencio” del periodista Horacio Verbitsky, también presidente de la entidad privada defensora de los derechos humanos CELS. Se apoya en manifestaciones de Orlando Yorio, uno de los jesuitas secuestrados, antes de fallecer por causas naturales en 2000. “La historia lo condena: lo muestra como alguien opuesto a todas las experiencias innovadoras de la Iglesia y sobre todo, en la época de la dictadura, lo muestra muy cercano al poder militar”, señaló tiempo atrás el sociólogo Fortunato Mallimacci, exdecano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. ¿Será amigo de Juan Luis Cipriani? Esperemos y roguemos a que no sea así y que todo sea una mera especulación y que las gaviotas se alejen para siempre del vaticano.

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