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jueves, enero 14, 2010

El día después de mañana




El reciente terremoto ocurrido en Haití cuyo lamentable saldo ha sido de más de cien mil muertos y más de tres millones de damnificados ha conmocionado al mundo entero. El año 2010 inició con temblores y terremotos, amenazas de erupciones volcánicas y con cambios climáticos en todo el mundo. Lima, tuvo que soportar lluvias permanentes que le demostraron su fragilidad y vulnerabilidad. Oceanía, medio oriente, Asia… también fueron sacudidos mientras en varias playas del mundo aparecían varadas en las playas cientos de ballenas que finalmente morían. No podemos negar que algo en el mundo está mal y pese a que sabemos cual es la enfermedad del planeta nos resistimos a su tratamiento y por consecuencia a su consiguiente cura. El calentamiento global ha empezado a pasarnos la factura.
En el 2004 apareció en cartelera una película llamada “El día después de mañana” Destacando por sus efectos especiales, maneja eventos que bien podrían formar parte de nuestro presente y los complica hasta aumentarlos en un corto espacio de tiempo. En la película, un meteorólogo intenta encontrar el camino para salvar al mundo de un cambio drástico debido al calentamiento global.
Sin embargo, a pesar de las imágenes que se pueden apreciar en la gran pantalla, gracias a esta película se vertieron muchas críticas por parte de científicos, políticos y parte del público. La película de Hollywood se consideró exagerada y demasiado negativa. Sus efectos especiales dejaron a más de uno anclado a su asiento observando cómo el mundo iba a la deriva por culpa del calentamiento global. Sin embargo, incluso hoy se siguen escuchando las voces de sus detractores negando la posibilidad de que algo similar pueda suceder.
Si nos paramos a analizar la película, quizás nos podamos encontrar alguna que otra sorpresa. La primera imagen impactante que observamos, es la de un enorme iceberg rompiéndose en la Antártida y navegando a la deriva. Hoy todo eso ha sucedido en la realidad.
En un principio, los científicos pensaron que este hecho aislado no tenía la menor repercusión sobre los glaciares de la Península, sin embargo, en ausencia de la barrera de Larsen B, los cinco glaciares adyacentes perdieron hasta 38 metros de altura en los seis meses posteriores al colapso.
Según científicos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), el calentamiento global y el hecho de que los milenarios glaciares se derritan, contribuirán a un grave efecto en la Tierra: el aumento del nivel del mar.
Ya es suficientemente grave el hecho de que el glaciar se haya desprendido y que el iceberg se encuentre roto en pedazos, sin embargo, en el caso de que llegara a flotar, el aumento del nivel del mar podría alcanzar los 6 metros, y esto no es ficción.
No sabemos que pasará maña, pero sí sabemos lo que podemos hacer hoy, quizás la fórmula para salvar nuestro planeta esté en nuestras manos pero no la queremos usar, quizás los terremotos y erupciones sean la fiebre que nos anuncia la gravedad de la enfermedad de nuestro planeta, o tal vez ya es demasiado tarde y el planeta sea un enfermo terminal que al perecer nos arrastrará a toda la humanidad, como lo hace un cadáver con sus ácaros, su fauna microscópica y hasta sus recuerdos más amados.

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