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martes, diciembre 20, 2011

Golondrinos


Cuando Ollanta Humala impuso su espíritu militar y declaró el estado de emergencia en Cajamarca una gran cantidad de policías llegaron a Cajamarca. Fuerzas del orden de todas partes del Perú arribaron en caravanas a una ciudad que no entendía bien qué pasaba. Los gendarmes se distribuyeron, según las necesidades por las cuatro provincias declaradas en emergencia. Cajamarca, Celendín, Hualgayoc y Contumazá.

Ese grupo de peruanos se afincó en donde pudo, algunos en escuelas, otros en coliseos, comisarías, hoteles y hasta celebraron –como no- el Día de la Policía con borracheras memorables como la de aquellos que ebrios de felicidad salieron de un conocido hotel estrellándose con las paredes y hasta con un poste. Al final, humanos como cualquiera y además forasteros en tierra ajena.

Sin embargo esa gran cantidad de gendarmes tuvieron que quedarse muchos días en distintas bases, y empezaron a sociabilizar a buscar entre la gente un espacio, a degustar comidas nuevas y ver paisajes nuevos, horizontes distintos, fascinados o entristecidos. El hombre es un animal de costumbres y uno se acostumbra a todo.

La gente de los pueblos por su parte, empezó a acostumbrarse a verlos, a mirarlos sin sentir fastidio, a darse cuenta que eran tan humanos como cualquiera de ellos, que por las noches miraban las estrellas pensando en la distancia que los separaba de los suyos, que cada vez que podían buscaban una cabina telefónica o de Internet para contar a su familia en dónde estaban y como era la gente de esos lugares.

Humanos al fin, muchos de ellos se enamoraron, algunos de las muchachas bellas de un pueblo de la sierra norteña, esa belleza fascinante de la que tantas veces les habían hablado. Otros en cambio se enamoraron de la colega que llegó del sur y que por el azahar de un paro que devino en un estado de emergencia había hecho que las miradas de ambos se encuentren en esta parte, en estos días… Uno nunca sabe en qué recodo de la vida  encuentra el amor, así como uno nunca sabe en qué momento la vida se termina.

Lo cierto es que muchos de ellos se empezaron a acostumbrar, se hicieron parte de la gente y de los pueblos a los que llegaron; hicieron amigos y tuvieron novias, quizás de aquí a un tiempo se descubran esas historias, quizás a alguien se le ocurra poner al fruto de ese amor causado por un paro que devino en un estado de emergencia “Goyito” u “Osquítar”, tal vez hasta “Ollanta”, uno nunca sabe y los seres humanos somos tan complejos.

Quien sabe de aquí a unos años un padre le explique a su hija que conoció a su madre un mes de noviembre en Cajamarca, cuando lo enviaron a un pueblo por un estado de emergencia, quizás la muchacha ya con algunos años recién comprenda porque le pusieron ese nombre tan difícil, y entonces entienda por qué todas sus amigas tienen nombres diferentes como Katherine o Melisa, Diana o Marcela mientras ella se llama “Conga” siendo la hija consentida de un viejo militar.

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