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domingo, julio 18, 2010

De garzas y palomas





Hace unos años un alcalde de Cajamarca ordenó que se corten algunas palmeras de la Plaza de Armas argumentando que se habían convertido en el refugio de roedores, de ratas que no solo eran un problema de salud pública, sino que además afeaban la belleza de la plaza principal. Por eso se optó por lo más fácil, cortar las palmeras añejas que le daban a la plaza prestancia y elegancia. Total… las palmeras no estaban en exterminio. (Equivalente a: sí una persona tiene piojos, cortémosle la cabeza y problema solucionado)

Hace unos días se hizo una poda brutal a un viejo árbol de la plazuela ubicada en la cuadra diez del jirón Amalia Puga, esa en donde se yergue la ilustre poetiza en estatua de bronce de espaldas a la corrupción y el abuso. La víctima, un vetusto y centenario árbol conocido con el nombre común de Pajuro (Erythrina lysistemon). El objetivo de la salvaje acción no fue otro que erradicar las garzas que allí habitaban, esas que se mudaron cuando otro ex alcalde, tuvo la infeliz idea de talar todos los árboles de la avenida De Los Héroes, la que había sido tomada literalmente por bandadas de aves que llegaron desde otros lugares en éxodo debido a la contaminación y al exterminio de su hábitat.

La propuesta había sido lanzada por la honorable Policía Nacional, pues los animalitos defecaban a sus anchas y sus deyecciones incomodaban a los gendarmes y transeúntes. Y la municipalidad solícita, conocedora de temas coyunturales y de favores prestados, de inmediato ordenó la poda, incluyendo destrucción de nidos, huevos y garzas pequeñas. Un acto salvaje y criminal que no debe sorprendernos ya, si tenemos en cuenta que hay una abierta postura en contra de la vida animal y al medioambiente.

Para esa poda lúgubre y nefasta para la vida, los funcionarios municipales aseguran contar con un memorial firmado por los vecinos quienes pedían se ejecute la acción. Seguramente el memorial fue firmado por todos los guardias, porque los vecinos del lugar, al menos en su gran mayoría, no piensan lo mismo ni firmaron nada.

Si bajo la misma premisa se podara la corrupción y los corruptos de las oficinas municipales, la población entera lo agradecería, pero ello significaría la poda de los mismos podadores, una autoflagelación, un harakiri.

Las principales iglesias de Cajamarca están habitadas por palomas, otra especie que tampoco está en peligro y que por lo tanto, con ese lente poco lógico de las autoridades, también pueden ser exterminadas. Una cosa es erradicar y otra reubicar (existe para este tipo de reubicación productos químicos que se aplican con éxito en otros países, en donde el respeto a la vida de los animales es tal que hasta existen centros a modo de hospitales para todo tipo de animales que viven en estado natural y libre, luego de su recuperación son dejados en su hábitat).

¿Podarán también las torres de San Francisco y Belén hasta dejarlas como la Catedral para erradicar las palomas?

En los anales de la historia a escrito vergonzosamente mucha gente su nombre con este acto, mañana se hablará de los exterminadores que en pleno S. XXI en medio de un despiadado calentamiento global y en que cada segundo se pierden miles de hectáreas de bosque, un grupo de insulsos ordenó recortar el centenario árbol, mutilarlo, discapacitarlo (eso de que las podas son necesarias en este añoso Pajuro, es un cuento inverosímil, uno más de los pretextos).

Se dice que las garzas lo defecaban todo, que lo hacían sobre todos y que eran un problema de salud pública. No se dijo que fuimos nosotros, los seres humanos, los que hicimos lo mismo con su hábitat, que fuimos reduciendo su espacio hasta arrinconarlas y que aún en su último reducto llegamos con sierras a matar sin respeto a la naturaleza, al tiempo, a la vida misma…

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