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martes, abril 16, 2013

Midiendo con distinta vara



·       El problema de la informalidad minera en la Chilca

La minería informal en el Perú se ha convertido en un mal extendido, los mineros informales se han apoderado de distintas zonas de nuestro país, pese a que existen leyes que sancionan el ejercicio de este tipo de minería, ésta crece cada día de modo acelerado arrastrando consigo una serie de problemas colaterales que la hacen mucho más perniciosa todavía.

Lo que viene sucediendo en la provincia de Cajabamba, específicamente en la Chilca, es una prueba de que la minería informal se encuentra en Cajamarca instalada con la licencia populista de los mismos ambientalistas. ¿Por qué los defensores del medio ambiente hacen mutis con la minería informal y no sucede lo mismo con la formal?

En la misma provincia de Cajabamba se ha tomado como caballito de batalla la contaminación para atacar a la minería formal, es decir, a aquella que trabaja bajo ciertas normas – no necesariamente por ello, cumpliendo con los estándares exigidos, sin embargo están bajo supervisión del Estado y de la misma población, lo que de alguna manera las regula-, que paga impuestos y que por lo tanto reporta réditos a través del canon minero a la región.

En Cajabamba, en el ámbito de la minería informal ya se han reportado varios accidentes producidos por negligencia, como la muerte de un menor de edad que trabajaba en una poza de lixiviación, otras muertes debido al desorden y la informalidad en la que se trabaja además del tráfico de explosivos, así como el de insumos químicos fiscalizados (IQF)

La evasión fiscal tributaria es otra de las consecuencias, pues la ilegalidad reduce la recaudación de impuestos del Estado, además, al no recibirse los aportes económicos correspondientes al canon minero, no se paga el derecho de vigencia ni penalidad, entre otros. Sin añadir a ello la contaminación social que esto genera como resultado de la misma (prostitución, explotación, contaminación en las personas por mala manipulación de los químicos como el cianuro, etc.)

Resulta curioso que dentro de la minería informal en Cajabamba existan familias empoderadas que además manejan algunos medios de comunicación con gente que ha dejado traslucir sus verdaderas intenciones y que con el pretexto de defender el medioambiente buscan defender los intereses de sus patrones, aquellos que manejan la minería informal.

A ese grupo de agentes mediáticos, dispuestos a morder a quienes no comparten su histriónica defensa del medioambiente – pues según ellos (as) la minería formal contamina pero la informal no, cuando sabemos bien que las dos contaminan, pero la informal lo hace en progresión geométrica- les ha caído muy mal que se denuncien las muertes de menores de edad en el campamento de los informales, o el tráfico de explosivos en la zona o el comercio ilegal y sin las mínimas medidas de seguridad de cianuro y otros insumos propios del insipiente proceso de lixiviación que aplican rudimentariamente contaminando el valle irremediablemente.

Sin embargo, hay un sector de nuestras autoridades que se han unido a esa voz de “defensa del medioambiente” apoyando a los mineros informales y atacando a las mineras formales con la única intención de buscar réditos políticos. No se puede negar que los informales son un amplio sector y que para cualquier aspirante a la presidencia regional, o a la reelección, es un bolsón importante de votos, por lo que han preferido contradecir a la legalidad y apoyar la informalidad, con toda su maraña de muertos, explotación y tráfico, además de robo al Estado con una evasión sistemática al fisco y con ello a todos los peruanos.

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