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domingo, diciembre 05, 2010

Desvaríos de grandeza


En la noche del viernes se produjo el desenlace del secuestro de 33 personas que se encontraban en las instalaciones de un banco en la conocida zona comercial de Gamarra en la ciudad de Lima. Luego de 7 horas Ruiz Wilfredo Ninasqui Barrios (29), el secuestrador y aprendiz de ladrón, fue abatido por un francotirador, agente SUAT,  quien le encajó un balazo en el cráneo.

El secuestrador pidió en cierto momento dos millones de soles, luego cambió el pedido a 20 millones de dólares, un helicóptero, una moto lineal “tanqueada” y 60 marrocas con sus respectivas llaves. Obviamente se trataba de un ser confundido que no sabía ni siquiera lo que había ido a buscar a ese lugar.

De inmediato, luego de la toma de la entidad bancaria, un contingente policial cuantioso se desplazó a la zona, más de mil policías y un contingente de 7 francotiradores acordonó la zona y realizaron un despliegue fastuoso. Se hablaba inicialmente de varios secuestradores, de un grupo armado de avezados hampones…

Con el paso de las horas, se descubrió que se trataba de un solo hombre, con explosivos falsos y que además tenía serias perturbaciones mentales; lo que había sido detectado de inmediato por el grupo de profesionales de la PNP que tenían sitiado el local, quienes además permanecían en diálogo con el “secuestrador de Gamarra”.

En el interior del local había gente herida, otras personas desesperadas y aterradas por el desenlace que podría tener el episodio inesperado y espeluznante que había surgido en medio de la tarde de una manera impensada. La actitud del hombre era condenable, más si se tiene en cuenta que había en el lugar mujeres, mujeres embarazadas, niños y gente herida.

Pero también ha sido condenable descubrir luego del “desenlace blanco”, en el argot policial, que los policías fueron embaucados por un lunático, por un perturbado mental que timó a toda una ciudad de más de 8 millones de habitantes y sobretodo a una serie de instituciones militares que han tardado 7 horas en darse cuenta que lo que sucedía en la entidad bancaria se pudo zanjar horas antes sin necesidad de generar ese trauma brutal entre los afligidos rehenes.

Luego de los hechos concluyentes de la escena ya conocida por todos, los hombres de verde dieron brincos de alegría, se abrazaron entre ellos y reafirmaron su entrega por la paz y la seguridad. Seguramente que se producirán asensos y larguísimas historias en los medios de comunicación, sin embargo; sería preciso reflexionar en el forado que tiene la seguridad ciudadana en el Perú, la incompetencia de los sistemas de élite y surge la pregunta inmediata ¿qué hubiera sucedido si de verdad hubieran sido varios delincuentes armados y con explosivos?

Las actitudes triunfalistas nos hacen daño a los peruanos. Nos sentimos felices cuando ganamos un partido de fútbol a una nación bananera, tocamos el cielo cuando nos visita un príncipe y una princesa, alcanzamos la gloria cuando ganamos una pelea de peso pluma y pensamos que estamos en una nación segura cuando más de mil militares son necesarios para abatir a un loquito con sueños de físico nuclear.

El Perú mantiene literalmente a cien mil militares con todas las comodidades que ningún profesional las tiene, es decir, para entretenerlos, se necesitaría cien dementes, esa es nuestra capacidad de respuesta y seguimos pensando que hemos tocado la gloria.

“Me gusta la ciencia, la física y la matemática, soy físico, inventor y diseño y construyo máquinas que nunca haya existido en la faz de la tierra, mi deporte favorito es el fútbol” había escrito el trastornado Ruiz Wilfredo Ninasqui Barrios, en su perfil de Hi5, aquel hombre que dejó en ridículo a más de un alto mando militar.


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