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jueves, enero 30, 2014

Oficina: pintarse las uñas, rajar de los otros, ir a comer un cebiche…


Trabajar en una oficina, ser un servidor público, o sea ser un burócrata, no siempre es tan tedioso ni aburrido como se lo suele “pintar”. Acaba de aprobarse una prohibición municipal para sus trabajadores en la que se prohíbe pintarse las uñas y hablar por celular en los pasillos entre otras cosas, en horas de trabajo.

La medida, que puede parecer exagerada para algunos, no es del todo descabellada, pues muchas veces una serie de situaciones demoran el trabajo de los (las) funcionarios públicos y atentan contra el buen trato, tiempo y paciencia de los usuarios.

Y es que en el Perú somos expertos en violar las prohibiciones, en quebrantar las normas, en “sacarle la vuelta a la ley” y sentirnos después triunfantes como si algo positivo hubiéramos sembrado con ello.

En una oficina cualquiera en el Perú, por ejemplo, un empleado pierde el tiempo desde que llega. Más o menos este es el estándar de un funcionario cualquiera, en una ciudad cualquiera, en un día laboral cualquiera desde que llega a su centro de trabajo aunque suele variar entre géneros, lo común en ambos sexos es:

Hablar de los demás mal o bien: 30 minutos -del compañero o compañera de trabajo, el tiempo se puede extender si se trata de un tema conyugal- En los servicios higiénicos entretenidos en enviar e-mails o en leer las redes sociales: 20 minutos.

En el caso específico de las mujeres: 10 minutos en pintarse las uñas – 5 minutos en secarlas o esperando en que seque la pintura- . Maquillaje: 10 minutos. Hablar por celular: 30 minutos. Redes sociales: 40 minutos. Criticando al jefe: 25 minutos. Hablando mal de los compañeros de trabajo (rajándolos) para desprestigiarlos y buscar quedarse con su puesto: 1 hora diaria en promedio. Comiéndose un bocadillo en la oficina: 10 minutos. Revisando catálogos de Unique, Esika, Cyzone, Leonisa… 1 hora entre todos ellos. Alabando las proezas de los hijos: 25 minutos. Hablando mal de la suegra 30 minutos…

El tema de los hombres es un caso especial y desbordante: 15 minutos revisando la desnuda del día en cualquier página web – la chica en ropa corta o muy desprovista de ella- Varias horas tratando de enamorar a la compañera de trabajo, es decir, coqueteando, flirteando o como quiera llamarse a la búsqueda incansable de “sacar los pies del plato”. Varios minutos revisando los catálogos de Leonisa (ropa interior femenina) y no porque quieran comprarle algo a la esposa o a las hijas, sino por ver a las modelos del catálogo en prendas interiores. 20 minutos hablando de sus hazañas sexuales (casi siempre inventadas). 30 minutos relatando su última borrachera.


Siendo los hombres más propensos a curar la resaca con un par de cervezas o un cebiche, el tiempo no solo se limita a minutos perdidos en la oficina, sino que puede desencadenar un escape subrepticio y acabar en una deserción absoluta en una nueva borrachera, un cebiche con cervezas o un caldo de cabeza o criadillas en donde hablará renegando de su pésima situación laboral, sus años de servicio y lo mal que le paga la institución en la que labora y a la que él quiere tanto y donde tan mal lo tratan… pese a su enorme sacrificio.

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