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jueves, enero 09, 2014

La vida y la muerte… juntas de la mano




En memoria de Hugo Torres Plasencia

Había pasado la navidad y la noticia nos llegó con olor a tragedia en la madrugada, un accidente había dejado varios muertos en la ciudad, dos camionetas se habían estrellado, varios muertos… no se sabía más, porque los informes de la policía en las madrugadas –cuando interrumpen los sueños para convertirlos en pesadillas siempre son vagos y difusos-.

Las horas pasaron y la noticia crecía, se derramaba por calles y avenidas, por los mercados y las tiendas, se trepaba por las paredes como una enredadera y hasta anidaba en los árboles. De pronto salió su nombre, uno de los fallecidos en esa tragedia era Hugo Torres Plasencia. Lo había conocido unos años antes, feliz y cordial, ameno y jovial, siempre con una sonrisa. Había llegado hasta el diario para pedir un espacio y publicar algunos artículos que hablaran de Dios. Hugo escribió varios artículos en Panorama Cajamarquino, era un amante de la vida recta, en armonía y con decencia. Feliz en su entereza.

Hugo Torres, un hombre bonachón se hizo mi amigo en breve, hablamos algunas cosas de la vida, su espíritu era un espejo de actitud frente a la vida y su humildad evidenciaba a un hombre que había sufrido – lo descubrí en algunos poemas que me dio una vez cerca al día de la madre-.

Lo recuerdo cargando su equipaje, vistiendo unas sandalias. Así era él, noblemente humilde, cargando en su equipaje bolsas de todos los números y colores, del mismo modo que su alma cargaba todas las felicidades de un hombre que se ha realizado y que tiene el respaldo de Dios como él lo tuvo. Era profundamente religioso y creo que hasta pastor. –No suelo llevarme bien con los pastores ni con la iglesia, pero él era diferente-

Lo recuerdo emocionado aquellos días cuando  sus artículos salieron publicados en el periódico por primera vez, lo recuerdo feliz con su cara de niño, agradeciéndome y dándome un abrazo fraterno de amigo y hermano. Hablándome de Dios…

La muerte le llegó temprana y trágica, fue un dolor para todos quienes vimos las dantescas escenas de fierros retorcidos y la macabra sonrisa de la muerte. Simplemente no tuvo tiempo para seguir con sus andanzas por la vida, aquellas que dejaban una huella que seguir. La muerte no perdona y duele cuando la tragedia busca a un amigo.


Desde aquí agradecemos tus artículos, tus pensamientos y tus palabras hablando de un camino hacia el Señor, un camino que ya tú has encontrado y que a nosotros ya nos ha de tocar andar. Gracias por buscarnos, de otro modo no nos hubiéramos conocido, de otro modo no hubiera sabido que aun en la tierra existen algunos hombres buenos que viven como predican y a quienes parece que Dios los necesita en el cielo, por eso los llama tempranamente hasta su lado. Adiós Hugo, amigo de los caminos y de los días idos.

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