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miércoles, junio 23, 2010

Obscenidades y periodismo





La Comisión de Justicia del Congreso de la República aprobó por unanimidad la el dictamen de un proyecto de ley que propone prisión efectiva de dos a seis años para los directores y editores de medios de comunicación que publiciten imágenes, mensajes o audios considerados obscenos.

La propuesta presentada pertenece nada más y nada menos que al parlamentario Ricardo Belmont, quien es además propietario de un medio de comunicación.

La ambigüedad surge de inmediato ¿Qué es obsceno y que no lo es? Obsceno puede ser que un congresista facture más de 400 Nuevos soles por consumo de pollos a la brasa en una sola noche, ser congresista y robar luz, obligar a un trabajador a que le lave los pies, o cobrar por trabajadores fantasmas. Obsceno puede ser quedarse con los miles de dólares de quienes creyeron en Ricardo Belmont y le pusieron un dólar en la mano para finalmente perderlo todo y que él sea el único propietario de RBC – El significado de RBC no es otro que Ricardo Belmont Cassinelli y no el de Red Bicolor de Comunicaciones como el ladino Belmont pretendió hacer creer a los miles de accionistas estafados - ¿Cuál es la delgada línea que divide la obscenidad de los medios de comunicación con los contenidos que hacen noticia y que resultan obscenos y escandalosos?

Las sanciones que establece la iniciativa incluyen a “los gerentes de dichas publicaciones o ediciones como diarios, revistas, afiches, paneles, volantes, radio y televisión o cualquier otro medio que produzca un efecto de comunicación similar”, ha expresado el Congreso de la República a través de una nota de prensa.

Es verdad que existen muchos medios de comunicación que exponen material pornográfico en sus contenidos disfrazándolos como material educativo, existen otros que apelan a las mujeres desnudas para llamar la atención de los lectores y hacer de su producto algo llamativo y que “enganche” al lector. Sin embargo también resulta obsceno y extremadamente reprochable las publicaciones de anuncios de personas que se dedican a realizar abortos o a “regular el ciclo menstrual”, otra cara de la obscenidad es la que anuncia “masajes a domicilio, en hoteles o en departamento propio” de señoritas, señoras o caballeros. Pero la mina de obscenidades de la prensa nacional, esa veta inagotable y que alimenta a diario las portadas de los medios de comunicación son el Congreso de la República, los Gobiernos Regionales y las Municipalidades de todo el país. En definitiva la propuesta no es otra cosa que una bien tramada ley de la mordaza a la prensa peruana, ley que meses atrás ya pidió la aprista Mercedes Cabanillas. Con esta ley el Estado evaluaría qué contenidos se publican y qué contenidos se censuran – mismo Hugo Chávez -

Los medios de comunicación que propalan contenidos, imágenes, audios y otro tipo de material con contenido pornográfico y violento y que no hacen uso de una adecuada autorregulación deben ser observados y cuestionados, pero confundir a estos con los medios serios usando como puente la ambigüedad y la oscuridad del vocablo obsceno es inaceptable.

Esperemos que la propuesta no prospere y que temas obscenos como cambiar votos por inscripciones en los programas sociales, o las que fundamentan el nepotismo en las instituciones del Estado o los audios que desaparecen de los USBs en procesos judiciales o los reos que reciben a 180 personas como visitas en un solo día no sean considerados como obscenidades, porque la prensa se quedaría sin argumentos. El Perú está lleno de autoridades obscenas y más allá de las nalgas de las vedetes colgadas en cualquier diario chicha la verdadera protección al menor se da regulando horarios, predicando con el ejemplo, desterrando la corrupción y no con ardides siniestros como este conato de mordaza que esperamos no prospere.

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