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lunes, junio 21, 2010

Mayta




Miguel Angel Silva, el Indio Mayta ha muerto la madrugada de ayer, los primeros informativos dieron cuenta de la noticia en medio de la algarabía del Día del Padre. De inmediato el alcalde de la provincia cajamarquina de Celendín – donde nació el célebre cantautor – decretó un día de duelo por la pérdida del ilustre personaje.

Hasta esta hora – que escribo la columna y que son 11:15 a.m. – ningún personaje de la política o de la farándula – a la postre viene a ser lo mismo – se acercó hasta la humilde casa del cantante en donde se velan sus restos. Para el Indio Mayta no habrá escolta presidencial, Húsares de Junín, velorio en el Museo de la Nación ni la pléyade de artistas figuretis ofreciéndole un tributo, menos aún un obeso presidente entonando alguna de sus canciones, total… es un indio más, probablemente considerado por el mandatario como ciudadano de segunda clase.

Jean Paul Straus, un cantante nacional que se luce cantando la Matarina, canción consagrada que le pertenece al Indio Mayta bien podría agradecer en un momento como este con su sola presencia. Lo mismo podría hacer Pepe Alva quien puso a la matarina em MTV.

Es verdad que quizás no fue muy conocido como si lo fueron Lucho Barrios, el Zambo Cavero, Jesús Vásquez o tantos otros que no solo gozaron de una pensión del Estado, sino que en sus últimos días de vida recibieron el agradecimiento del Congreso y de tantas otras instituciones que les hicieron saber la valía de su arte.

Miguel Angel Silva Rubio, conocido como “Indio Mayta”, es considerado como un verdadero icono de la cultura popular. Nació en la provincia de Celendín, Cajamarca el 25 de diciembre de 1931. Desde muy pequeño su vocación por el canto lo llevo a ganar premios en su colegio. A inicios de los cuarenta, su familia se traslada a la ciudad de Trujillo. Acostumbrado al duro trabajo del campo, tuvo que dedicarse a distintas labores, como: lustrador de zapatos, venta de periódicos y tamales. Cuenta que su primer trabajo como empleado en una fábrica de helados lo celebró con una fiesta: llegar al modesto puesto de empleado era un autentico progreso para quien había partido de la nada.

El impulso de su vocación hacia que siempre se las ingenie para cantar. Tuvo la oportunidad de participar en la compañía del folklore Inka del Perú. El siguiente paso fue su ingreso al ejercito a los 20 años de edad. En el cuartel de Talara todos los sábados se solía realizar eventos artísticos, ya para entonces adopta el pseudónimo de “El Indio Mayta” como un recuerdo a su origen y Mayta por el apellido materno de su madre, a quien siempre admiro. Las canciones que entonaba eran de su autoría. Un siguiente paso fue su ingreso a la entonces Guardia Republicana, pero su espíritu de artista fue más fuerte y después de cuatro años dejo el uniforme.

El año de 1957, graba sus primeros temas Tradicionales “Campanitas de Quiruvilca” y “Anillo de Oro”, una década después vuelve a los estudios de grabación. Su afán de superación lo llevan a estudiar en el Conservatorio Nacional y a seguir cursos de Arte Dramático. En los setenta se había convertido en un personaje medianamente popular. El gobierno militar lo había contratado para promover la Reforma Agraria y en una de sus giras conoció a un promotor que le brindaría la oportunidad de su vida: un viaje a México, en ese país se relaciona con su compatriota Pepe Ludmir, quien reconoció en el Indio Mayta un invalorable talento. La relación entre ambos fue duradera y fraterna. Entre muchas de sus presentaciones se le ofreció la oportunidad de participar en Cine: “México en Lima”, de esa manera regreso al Perú y posteriormente participó de dos películas más.

Tuvo también su paso por la televisión. Pepe Ludmir había hablado a los ejecutivos de Panamericana y gestionó su contratación en el Programa: “Danzas y Canciones” y luego para el Show de “Topo Gigio”, dos sintonizados programas de televisión local. De esa manera la figura de Migue Silva, se elevó y sus canciones e interpretaciones se convirtieron en símbolos de la población migrante de esos años: “El Serranito”, “Carolina”, “La Matarina”, entre otros forman parte de su amplia producción artística.

Seguramente que ahora una calle llevará su nombre, una plaza tendrá su busto y harán homenajes póstumos. Se lo llenará de rosas y violetas, jazmines y margaritas, pero hasta donde está no le llegará ningún aroma excepto el de la ingratitud y el olvido.

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