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martes, mayo 15, 2007

Del día del padre, un juez y un poeta









El juez llega a su despacho pensando en los detalles para el día que se acerca, el día del padre siempre lo ha llenado de emoción y no es para menos, uno siempre es hijo y proviene de un padre, uno casi siempre es padre entonces tiene uno o varios hijos. Se es hijo de un padre, se es padre de un hijo.

El poeta llega a su oficina apesadumbrado, las propagandas de la televisión anunciando el día del padre lo mortifican y no es para menos, hace cuatro años que la madre de su único hijo desapareció llevándose al niño a un día de campo que nunca terminó, desde entonces el poeta entabló un juicio para recuperar a su hijo.

El juez sentado en su despacho empieza su trabajo, miles de expedientes están apilados en su oficina, en los estantes, en los anaqueles etiquetados con esas cintas adhesivas que el Estado adhiere a sus bienes para inventariarlos, las sillas, la computadora marca DELL. Hay tantos expedientes que a veces los expedientes se traspapelan, se confunden, se demoran. No es culpa del juez tener una sobrecarga procesal.

El poeta tiene libros apilados en su escritorio, en sus casilleros, fotografías que le recuerdan un pasado que se ha ido, una fotografía donde sale abrazado junto a su hijo, la última foto que hace cuatro años se tomaron una mañana de octubre, tiene poemas aglomerados en su computadora también marca DELL y algunos libros que debe leer y comentar en el diario en el que trabaja. Tiene una sobrecarga sentimental y tampoco es su culpa.

El juez se alegra cuando piensa en el agasajo que se brindará a los jueces por el día previo al día del padre, un agasajo con palabras bonitas y bocadillos. El poeta descubre que en el diario habrá un agasajo a los periodistas y poetas previo al día del padre y huye subrepticiamente, ese día sale más de temprano que de costumbre y desaparece en la oscuridad de la noche.

El juez se anima y en el agasajo del día del padre que da su institución brinda unas palabras cargadas de emoción y melancolía. El poeta en la soledad de la noche abrazado a la mujer que ama llora desconsoladamente una tristeza desconocida.

En el escritorio del juez hay traspapelado un expediente de un padre que busca a su hijo, el expediente ha vencido todos los plazos y está traspapelado. En el escritorio del poeta unos poemas hablan de un hijo al que la inquina de la familia de su hijo ha escondido en lugares desconocidos por cuatro años.
En el diario donde trabaja el poeta sale un anuncio felicitando a los jueces que son padres y los jueces felicitan a todos los padres del mundo (también a los poetas que son padres, en su día)

El día del padre llega y las llamadas telefónicas le dicen al juez que pase un feliz día, el juez agradece todas las llamadas que se repiten en su celular fluidamente durante el día.

El día del padre llega y las llamadas telefónicas no le dicen nada al poeta porque ha desconectado el celular para no recibir ninguna llamada piadosa que le diga Feliz día, porque sabe que hace cuatro años que no hay un día feliz sin ver a su hijo, sin recibir un abrazo, sin saber siquiera si aún vive en algún lugar de la tierra y menos será feliz el día del padre con una paternidad mutilada. Porque sabe que todos los días del padre no siempre son felices. Probablemente el juez también lo sepa o quizás no, por eso tarda tanto en sentenciar ese expediente amarillo traspapelado en su escritorio.

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