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martes, mayo 08, 2007

De un bosque de piedras, del agua y de la muerte lenta de la naturaleza




Los seres humanos somos una de las especies más complicadas que existen y que habitamos el planeta, somos especialistas en destruir. Pocas veces construimos, pues tenemos una patética forma de concebir y conceptualizar el hacer, es más fácil deshacer.

La naturaleza es probablemente el mejor patrimonio que hemos heredado, sea desde un punto de vista creacionista o evolucionista, los orígenes pueden ser discutibles pero hay algo que es innegable. La naturaleza es irreemplazable, e insustituible.

Por obtener un poco de dinero somos capaces de argumentar los más aventureros disparates y hasta pretendemos tapar el sol con un dedo. Los funcionarios a los que Yanacocha les paga por hacer su defensa e intentar hacernos creer que si algo sobra en Cajamarca es agua, defienden a capa y espada ese argumento ridículo que atenta contra cualquier elemental inteligencia.

Las caleras instaladas entre los límites de las provincias de Chota y Hualgayoc han empezado a destruir el bosque de piedras más importante y vasto de la zona norte del Perú, ante la indiferencia de las autoridades municipales de Chota y Bambamarca que han preferido culparse mutuamente por el desatino de otorgar licencias de funcionamiento a una gavilla de delincuentes cuyo único objetivo es depredar y destruir el patrimonio que nos pertenece a todos los peruanos.

Este grupo de irresponsables, en el colmo del cinismo y el desparpajo pretende que se les indemnice para que dejen el bosque de piedras. No podemos permitir que este tipo de actos se cometan con esa libertad que se torna sospechosa, considerando que ese grupo de caleras instaladas en la zona producen cal que va a parar directamente a las mineras instaladas en la zona de Hualgayoc, y Cajamarca.

El Instituto Nacional de Cultura tiene que tomar medidas inmediatas para frenar estos actos vandálicos que se amparan en sospechosas licencias emitidas en actos dolosos.

Destruimos los cerros con el pretexto del progreso y las mineras nos mienten con respecto a la cantidad de agua. Se aferran con uñas y dientes a una mentira a la cual defienden con grandes aparatos publicitarios. Destruimos los bosques madereros como si el mundo que habitamos nos perteneciera, como si los únicos habitantes del planeta fuésemos nosotros, como si después de nosotros nadie fuera a necesitar del aire que contaminamos, del agua que envenenamos. Convertimos en cal la belleza de los bosques de piedra formados en millones de años, como si esa visión maravillosa de la naturaleza sólo nos hubiera sido concedida a notros.

Hace unos años en la plaza de armas de Cajamarca existía la casa de José Gálvez, se la demolió para hacer una construcción moderna que luego compró la española Telefónica. Mi hijo nunca pudo ver esa casona, cuando el nació, la casa ya no existía. Supongo que los hijos de mi hijo tampoco podrán ver este bosque de piedras, ni muchos cerros que ahora aún existen, quizás para ese entonces todo sea una inmensa planicie llena de cal y oro. Vacía de vida y de naturaleza.

Balcon Interior

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