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sábado, agosto 11, 2007

Homo homini lupus: EL hombre es un lobo para el hombre




La popular frase” Homo homini lupus” fue acuñada por Plauto (254-184) en su obra “Asinaria” pero fue Hobbes filósofo inglés del siglo XVIII quien la popularizó. Él manifestaba que el egoísmo es básico en la sociedad humana, el egoísmo es innato y luego del nacimiento no hace más que desarrollarse en un mundo donde los valores han ido en retroceso y la individualización se extiende cada vez más.

El individualismo ha hecho del mundo un lugar complicado en donde se pretende destacar pero no colectivamente, sino en la más pura unidad y elemento, casi en total soledad.

La muerte de Saddam Husein fue un hecho que estremeció al mundo, un juicio por demás absurdo e incierto fue el preludio de un asesinato atroz que se consumó sin el menor reparo. La muerte de Saddam no cambiaba nada en el mundo, solo incrementaba el ego megalómano de un presidente norteamericano que es una máquina de muerte, invasión y vejaciones a naciones pobres, pequeñas y desprotegidas.

Bush pasará a la historia como el presidente más repudiado por su propio pueblo quienes han visto afectadas su paz interior luego de los ataques consecutivos que tuvieran que sufrir el tristemente célebre 11-S como consecuencia de los reiterados abusos que su política había sembrado en el mundo.

Hugo Chávez es otro patético personaje que ha sembrado el terror interno en un país vecino que condena su tiranía. El egoísmo de su política troglodita ha mermado notablemente esa larga lista de adeptos con los que contaba en sus inicios. Chávez critica a Bush y en realidad son lo mismo, con la diferencia de que uno lo es en grande y el otro en pequeño.

Las grandes guerras que se han producido en el mundo han sido ocasionadas por ese egoísmo enquistado en la naturaleza del ser humano. Desde los comienzos de la historia desde los más remotos anales del tiempo el egoísmo ha hecho sucumbir a pueblos, naciones, imperios. El primer muerto que nos narra la Biblia, Abel, fue asesinado por Caín en un acto vil de egoísmo y envidia. La envidia es la hermana más cercana del egoísmo.

Si un vecino ha conseguido un buen trabajo, tiene un carro costoso o se ha sacado la lotería, la envidia aflora como esa naturaleza propia e insondable del ser humano y a veces hasta el lado más perverso del alma empieza a elucubrar la manera de destruir esa felicidad que le genera al vecino su buena fortuna.
La envidia y el egoísmo están depositadas en la mente y el alma y son corrosivos letales, corrompen la tranquilidad y la paz, arruinan la calma. Son como ácidos que queman y destruyen.

El mundo puede ser un paraíso diferente, pero no pensemos en utopías apocalípticas como una muerte masiva de seres perversos quemándose en fuegos eternos del infierno y los buenos regocijándose en campos verdes con ríos continuos de limpias aguas y aves de todas las especies y mamíferos dóciles.

El verdadero paraíso está más cerca de lo que siempre imaginamos y de lo que siempre nos dijeron. Empecemos desterrando el egoísmo y la envidia y habremos puesto la primera piedra de nuestro paraíso.

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